“Roma locuta, causa finita est”
Por JESÚS RUIZ
Lunes 22 de junio de 2026
En la Asamblea de la Conferencia episcopal que hicimos en Alindao en junio de 2025, escribimos una carta al cardenal Tagle, Prefecto del Dicasterio para la Evangelización, manifestando nuestro desacuerdo con la decisión del Dicasterio que prohibía al cardenal Nzapalainga las visitas pastorales en nuestras diócesis respectivas. Entonces había humo...; luego vino el fuego.
En febrero de este año nos suspendieron la visita ‘ad limina’ a Roma, junto al Papa. Esta visita se hace cada cinco años; nosotros llevamos 11 años sin ser convocados. Desde Roma nos enviaron al cardenal Sarah, como delegado papal, para hacer antes una visita “fraterna” y constatar la salud de nuestra iglesia; en concreto el cardenal Sarah vino para inspeccionar la iglesia de Bangui. La respuesta a esta visita “fraterna” fue el nombramiento en abril de Joseph Samedi, jesuita, como nuevo arzobispo coadjutor, es decir con derecho a sucesión del Cardenal, y la creación de la nueva provincia eclesiástica de Berberati. A primeros de junio de este año el cardenal Tagle nos ha escrito una carta a la Conferencia episcopal diciéndonos que no somos quienes para criticar a la Nunciatura; nos pide obediencia a la Nunciatura y comunión entre nosotros los obispos; nos insiste sobre lo que es prioritario en nuestra misión: la centralidad de Cristo, la Palabra de Dios y los sacramentos, y no la casi exclusividad de la acción social y política...; nos exhorta a poner el seminario interdiocesano entre las prioridades de nuestro ministerio..., y la atención paternal de los sacerdotes suspendidos; en fin nos invita a una transparencia y creatividad económica, evitando viajes al extranjero y saneando la maltrecha economía interdiocesana con todas las deudas que la Conferencia episcopal ha contraído.
El domingo 14 de junio, Roma envió al Secretario del Dicasterio para la Evangelización, Monseñor Fortunatus para consagrar en la catedral de Bangui al recién nombrado arzobispo coadjutor, Samedi Joseph. La tensión se mascaba en una Misa dirigida al gusto de la nunciatura en la que se ninguneó al Presidente de la Conferencia episcopal centroafricana y al cardenal como titular de esta sede; su catedra quedó vacía... A mi gusto, fue una buena bofetada pública al cardenal; en su homilía el prelado de Roma anunciaba públicamente que le han quitado al cardenal Nzapalainga la carga administrativa, económica, y autoridad pastoral con respecto a los sacerdotes diocesanos y al personal religioso de su archidiócesis... Su misión quedara relegada hasta el día de su dimisión, a la administración de los sacramentos; punto y aparte. Esto en público en una catedral abarrotada de fieles con el Presidente de la Republica y su mujer en primera línea. No he podido no pensar en el tema de la sinodalidad tan cacareado desde Roma... ¿dónde está aquí dicha sinodalidad?
Se nos acusa a los obispos de actuación social y política, mientras en esta Misa se hizo un acto político inédito en nuestra iglesia, cuando al final de la Misa se le dio la palabra, por primera vez en la historia, al Presidente Touadera. Que los de fuera nos acusen de hacer política puedo comprenderlo..., pero que los de la Iglesia nos acusen de esto cuando denunciamos la violación y quema de pueblos, el asesinato de miles de personas; cuando trabajamos por la liberación de secuestrados, o nos negamos como Institución eclesial a que el gobierno cambie la Constitución y se quede de por vida en el poder; cuando acompañamos y asistimos al tercio de la población desplazada; cuando buscamos el diálogo y la paz en un conflicto viejo de doce años que se ha cobrado ya tantas víctimas inocentes entre ellos una decena de sacerdotes...; con todos mis respetos por Roma, me parece una acusación muy injusta, al margen del Evangelio. Me suena a esa práctica común en nuestra Iglesia donde muy a menudo se aprueban, incluso cerrando los ojos o mirando a otro lado, las políticas del poder establecido, y se censuran y castigan las denuncias al poder y la defensa de la justicia como actuaciones políticas. San Juan Pablo II, fue un santo con el Evangelio en la mano que cambió el rumbo político del mundo; al Papa Francisco le tacharon de político de izquierdas; al actual Papa León XIV acaban de acusarle de meterse en política cuando predica la paz y que paren las guerras...
Incluso Trum y sus secuaces le han dicho que se contente a hablar solo de cosas de fe pues es un mal político; de política no entiende... Como si el Evangelio estuviera al margen de la vida de la gente. “He venido para que tengan vida y una vida en abundancia”.
Más de uno en la catedral se frotó las manos de alegría en este acto de censura contra nuestro cardenal y nuestra iglesia... Los de la plataforma pro gubernamental de Galaxie que le han calumniado y nos han calumniado con toda clase de mentiras, los del gobierno, los ex abbés suspendidos...
Al día siguiente, Monseñor Fortunatus nos reunió en la Nunciatura antes de tomar el vuelo hacia Roma y volvió a insistirnos en los principios ya mencionados por el Dicasterio de la Evangelización. Casi no hubo tiempo para la réplica pues tenía que coger el avión, nos dijo... Algunos intervenimos rápidamente. Yo pregunté al Secretario, que ‘si Roma nos exige cada vez más y más (en cuestiones administrativas) porque no se pone en práctica la encíclica del Papa Francisco, “Predicate Evangelium” donde se dice claramente que la Curia romana debe de estar al servicio de las Iglesias locales, y no una estructura de poder para subordinar a las iglesias locales... ¿Porqué, no nos mandan personal cualificado en vez de asfixiarnos con una burocracia imposible para nosotros que contamos con un puñado de personal apostólico no cualificado que no da más de sí?’ Dos iglesias bien diferentes.
Así, en este encuentro con Monseñor Fortunatus, quedó inaugurada nuestra asamblea plenaria de la Conferencia episcopal de Berberati. El Nuncio nos leyó su discurso de cinco minutos y así se ahorró el fastidioso viaje a Berberati. Al día siguiente, martes, a las cinco de la mañana en plena noche, estábamos todos los obispos en la catedral para afrontar el viaje en coche de catorce horas por una carretera que me gustaría ver pilotar a los pilotos del Paris- Dakar. ¿Dónde se ha visto a unos obispos conduciendo catorce horas seguidas por estas carreteras de muerte? Aquí en Centroáfrica es lo habitual. Llegamos a Berberati a las ocho de la noche. Los fieles, que son el verdadero Pueblo de Dios, nos esperaban desde hacia horas y nos acogieron en medio de la noche con cantos y bailes... Entramos en la catedral para dar gracias a Dios que nos protegió en el viaje, y allí el pueblo de Dios nos acogió con alegría y cariño.
Aunque mi diócesis es limítrofe con la diócesis Berberati, nueva provincia eclesiástica, la única carretera posible, M’baïki-Berberati, dista a 700 km. ¿Quién decidió esta nueva provincia eclesiástica? La Conferencia episcopal nunca había hablado de ello. ¿Quién decidió la repartición de diócesis? Nunca se nos consultó; alguien, en algún despacho climatizado de Bangui o de Roma decidió sin más, al más puro estilo de la repartición de Africa entre las potencias europeas en el siglo XIX. ¡Viva la sinodalidad!
Es en este clima, un tanto tenso, que hemos vivido una semana de Conferencia episcopal en Berberati. Desde allí, el último domingo delante de todos los cristianos de Berberati, hemos enviado el mensaje tradicional para el pueblo de Dios. Inmediatamente después alguien me interpeló diciendo que en el mensaje no habíamos dicho nada de la situación alarmante en la que está viviendo la zona de Zemio donde se queman pueblos enteros, las fuerzas armadas nacionales, los rusos y los antibalakas de la región asesinan impunemente. Sin duda que el ‘tirón de orejas’ del cardenal Sarah, “No tenemos que hacer política; nuestra misión no es la mediación, la justicia social... nuestra misión es la Palabra de Dios y los sacramentos” influyó en el tono de este mensaje centrado en la Nueva Jerusalén: “Veo cielos nuevos y tierra nueva” invitando al pueblo de Dios a construir la nueva Jerusalem contra la adoración de la torre de babel que sacrifica a los pequeños y débiles en su altar...
Una semana después, cuando acaban de asesinar al joven sacerdote Crepin en Zemio, me he interpelado una vez más sobre la misión de la Iglesia y el Evangelio de Jesús... Han asesinado al joven abbé Crepin, con tan solo cinco años de Misa, porque era el responsable del comité de paz de la zona. Porque intercedió por su pueblo, unos veinte mil refugiados que llevan dos lustros en Zapaï en el Congo democrático; le han asesinado porque medió para que liberaran a la subprefecta de Bambouti, secuestrada desde hace más de siete meses; le han asesinado porque trabajó, hasta dar la vida, por la paz y la justicia. Así van asesinando ya una decena de sacerdotes y miles y miles de cristianos y ciudadanos de a pie. Pero dicen desde Roma... denunciar esto y trabajar por la paz no es la misión de Iglesia. Creo que leemos evangelios diferentes.
Como dice el proverbio latino, “Roma locuta, causa finita est”, “Roma ha hablado, no se discute más”. Tras los pasos del Papa Francisco, me gustaría una Iglesia más implicada en la vida y muerte de la gente; una iglesia más sinodal y no tan autoritaria. Soy consciente que, si este escrito mío cae en manos de la Nunciatura, se verá censurada mi misión episcopal. No tengo miedo, pues no me aferro a mi ministerio episcopal; yo no lo pedí; lo acepté solo por amor; con mis límites y defectos lo llevo a cabo con el mayor amor y dolor posible por este pueblo sufrido; guiado solo por el amor de Jesús y su Evangelio que vale más que todas las diplomacias romanas. “Me amó y se entregó por mí”.




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