Nombres como Roro, Violeta Mangriñán o Carilyo el Nervio han acaparado numerosas críticas por sus comentarios, pero también se ha cuestionado todo un estilo de vida.
Fuente: Huffingtonpost
Por Marina Prats
19/08/2026
Facturan cientos de miles de euros al mes, sus redes sociales son un escaparate que oscila entre productos de los que hacen publicidad, eventos exclusivos y viajes patrocinados. Y, desde esa posición, muchos de ellos han difundido mensajes que trascienden el entretenimiento o los comentarios sobre moda, videojuegos o estilo de vida, llegando a dar opiniones de temas sociales como el feminismo o el colectivo LGTBIQ+, de economía, e incluso han animado al voto a determinadas opciones políticas.
Sin embargo, en los últimos días muchos vaticinan un final más pronto que tarde. El detonante no es otro que un cúmulo de polémicas que, a pesar de no ser nada nuevo —recordemos la opinión sobre la lectura de María Pombo, las palabras de ElXokas sobre feminismo o la presencia de estos mismos personajes en eventos como los premios Goya—, han puesto en el centro de mira cómo viven y qué poder de opinión tienen estos influencers.
Del negacionismo del eclipse de Carliyo El Nervio a la polémica de ElXokas o la presentación de Laura Díaz
Se trata, por ejemplo, de las palabras del malagueño Carliyo El Nervio sobre el eclipse, un evento histórico que aseguraba que era una "mierda" y que era una "cortina de humo" ante la crisis que había en España. Todo ello, en un vídeo a su 1,7 millones de seguidores de TikTok después de haber pasado dos meses en Estados Unidos invitado a ver el Mundial de fútbol, sin posicionarse por causas como la crisis de la vivienda —que, en su Málaga natal está alcanzando cifras tope— o los cribados del cáncer de mama en Andalucía. "A quién mierda le importa el eclipse? A nadie", enfatizaba.
A los pocos días y, tras las críticas que recibieron tanto él como su pareja la también influencer Natalia Palacios, el propio Carlos García, nombre real de tiktoker, se apresuró a emitir un vídeo de rectificación: "Yo no soy negacionista, ni creo que el eclipse lo ha puesto Pedro Sánchez, ni estoy en contra del eclipse. De hecho, yo fui a verlo".
Tampoco ha escapado de las críticas sobre el fenómeno astronómico del pasado 12 de agosto la influencer Violeta Mangriñán, quien comparó las gafas del eclipse con las que vende en su marca el futbolista Marcos Llorente quien, entre otras declaraciones, ha negado la eficacia del protector solar. "A mí me fascina que la gente se compre las gafitas para ver el eclipse en Amazon y luego pongan a parir a Llorente con el tema de las gafas", señaló Mangriñán.
Otra polémica reciente la protagonizó ElXokas el pasado mes de julio, con quien Burger King tenía una campaña que acabó cancelando después de que hiciera comentarios despectivos sobre la actriz Ester Expósito y fardase ante un espectador que "ganaba más en una promo de Burger King que tus padres en 20 años trabajando".
oco después de esto, tras La Velada del Año celebrada el pasado mes de julio dos polémicas diferenciadas. Por un lado, se criticó duramente a Roro por usar un casco para su combate contra Marina Rivers, algo que ella aseguró que era por "prescripción médica". Pero la otra polémica llegó de la mano de los creadores de contenido Marta Díaz y AlphaSniper97, quienes presentaron en público a su hermana pequeña, Laura Díaz, en sociedad como si se tratara del lanzamiento de un producto.
Un unboxing de influencer, toda una metáfora como si se tratase de una estirpe de la nobleza moderna o como aquella novia que presentó Julio Iglesias Jr. en mitad de una alfombra roja.
Otra que no ha escapado de las críticas es Fabiana Sevillano, no por ningún comentario político ni negacionista, sino por hacer gala de un estilo de vida que comparten todos los creadores de contenido. Después de que la criticaran por sus viajes que comparte con su 1,1 millón de seguidores, respondió con un "la gente ha tenido tres meses de verano como todos los años", que dejó patente la desconexión que tienen algunos perfiles de la realidad de los trabajadores. Para posteriormente afirmar que apenas había ido a unos cinco destinos internacionales este 2026. Todos a gastos patrocinados pagados.
Un estilo de vida nada "campechano" y personas que tienen opiniones para todo
Como Sevillano, muchos de estos influencers han sido funados (cancelados en el argot digital) por su estilo de vida lujoso, sus numerosas colaboraciones y sus innumerables viajes.
Lejos de ser foco de admiración, los jóvenes menores de 25 años —su principal target— cuentan en España con un sueldo bruto medio de unos 14.800 euros anuales que no les permite llevar esta vida, por lo que la cercanía inicial se pierde. De hecho, eso reivindicaba el también creador de contenido Fabio Mufañas, quien se fue a vivir a Luxemburgo para trabajar como ingeniero en inteligencia artificial y que ha puesto sobre la mesa que no se trata solo del dinero que ganen si no del discurso o la pérdida de conciencia de clase que tienen.
Precisamente, esa visión cercana era lo que les permitía diferenciarse de otros personajes de la farándula, tal y como recuerda Lorena González, directora de cuentas de la agencia de comunicación nBoca, en una nota de prensa: "Frente a estrellas de cine, cantantes o modelos instalados en un universo aparentemente inaccesible, ellos grababan desde su habitación, hablaban mirando directamente a cámara y compartían preocupaciones, rutinas y pequeños dramas extraordinariamente parecidos a los nuestros".
Sin embargo, los continuos viajes a destinos exóticos como Maldivas, Bali, Tailandia, Japón, además con todo tipo de lujos patrocinados por marcas, ha demostrado que no hay tanta diferencia entre el star system tradicional y el actual.
"Ahora, las Maldivas son su Benidorm particular, los hoteles de cinco estrellas forman parte del paisaje habitual y las casas con piscina infinita podrían ocupar tranquilamente varias páginas de AD, mientras el resto seguimos organizando las vacaciones en función de qué amigo tiene apartamento en la playa", señala González, quien recalca que "el influencer nació como la anticelebrity y algunos han terminado convertidos en la celebrity 2.0".
Otro punto que les ha llevado a críticas es que los influencers cada vez están más en el debate público, en lanzar comentarios políticos, sociales e incluso científicos dando voz a discursos negacionistas o terraplanistas. En muchos casos, con escaso acierto. Se vio especialmente tras la masiva entrada de migrantes en Ceuta, donde los creadores de contenido se aventuraron a dar su punto de vista sin demasiado argumento y conocimiento detrás.
La presentadora del pódcast La Pija y la Quinqui, Mariang Maturana, también creadora de contenido, se mostró tajante: "Echo de menos ese momento en el que los influencers generalistas no abrían la boca por miedo a quedar de ignorantes".
El altavoz que tienen los influencers hoy en día supera a las cifras de medios tradicionales, lo que hace que cualquiera tenga acceso a él, pero que esto no sea necesariamente positivo. Para González "conviene recordar algo aparentemente obvio: tener tres millones de seguidores acredita que tres millones de personas quieren seguirte; no que tengas tres millones de conocimientos".
"Los influencers son una representación más de una sociedad plural. Y dentro de cualquier grupo suficientemente amplio encontraremos personas brillantes, personas sensatas y, estadísticamente, algún que otro terraplanista, machista, xenófobo o amante de teorías conspirativas", enfatiza la directora de Nboca, quien recuerda que el tamaño del altavoz no es directamente proporcional ni a la formación ni al conocimiento, pero sí a la responsabilidad que tienen estas personas.
Los seguidores que pasan a verse como producto: el exceso de publicidad
Muchos de los mencionados creadores de contenido han perdido la credibilidad de sus seguidores quienes, por tanto, han dejado de seguirles en sus vídeos sobre su día a día, sus opiniones y sus gustos.
Esto implicaría que su "negocio" que vive principalmente de la cantidad de seguidores con los que compartan su publicidad. De hecho, según la 28ª edición de Navegantes en la Red, elaborada por AIMC, el exceso de publicidad es uno de los lastres que ven los seguidores en sus creadores de contenidos.
Esta encuesta apunta a que el 61,9% de quienes siguen a influencers, youtubers o streamers considera que la mayoría de sus comentarios y publicaciones tienen carácter publicitario, un 3% más que el año anterior. De ellos, un 69,8% cree que además estos abusan de la publicidad encubierta.
Esto no es una percepción solo de los influencers, es un reflejo de la propia industria publicitaria. Según el estudio Influencer Economy, elaborado por Primetag en colaboración con IAB Spain, el volumen de contenido patrocinado subió en 2025 un 73% en TikTok y un 45% en Instagram, principales plataformas de los creadores de contenido.
Tal y como apunta González en la nota de prensa, este exceso de publicidad se refleja en una perversión de contenidos. "Cuando ya no se recomienda un restaurante salvo que exista invitación, no se menciona una marca sin contraprestación y prácticamente cualquier aparición en pantalla lleva una factura asociada, se pierde parte de aquello que hizo valioso al creador en primer lugar: su criterio. Y sin criterio, la prescripción pierde bastante sentido", apunta.
Sin embargo, esto no tiene visos de cambiar. Según el Estudio de Inversión Publicitaria en Medios Digitales 2026 de IAB Spain, la inversión destinada a influencers alcanzó en 2025 los 158 millones de euros solo en España, un 25,9% más que el año anterior. Y, para este 2026, se prevé un crecimiento de entre un 20% y un 40%.
Lejos de ser una burbuja global que se esté pinchando, se trata de una criba de exceso de oferta —como en otros sectores como en los grandes festivales— o, como lo llama González, una "canibalización natural del sector".
"Los propios excesos del fenómeno acabarán seleccionando a quienes mejor comprendan aquello que los llevó hasta allí. Sobrevivirán los que vuelvan a poner el contenido por delante del contrato. Los que sean capaces de decir que no a una campaña que no encaja. Los que entiendan que una comunidad no es solamente una cifra que colocar en un media kit. Y los que recuerden que la credibilidad tarda años en construirse y apenas unos stories en deteriorarse", apunta.
Esto puede generar un nuevo escenario con menos influencers, pero con un público más fiel e igual que se lo piense dos veces antes de lanzar una teoría conspiranoica ante 1 millón de personas.

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