Creemos que la Iglesia de los pobres es una Iglesia auténticamente misionera, dedicada a la evangelización. Creemos que la misión ha adquirido mucha mayor importancia que en el pasado, y que esa misión ha ido cambiando al mismo ser de la Iglesia… Una vez más, los pobres han conseguido el espectacular cambio de hacer a la Iglesia verdaderamente ‘apostólica’.
Fuente: Reflexión y Liberación
14/08/2026
La santidad de la Iglesia de los pobres es la santidad del siervo [de Jahvé], el siervo que en un primer momento busca la justicia y el derecho para las naciones, que en ese hacer justicia carga sobre sí el pecado del mundo, y cargándolo lo quita y lo transforma en salvación.
En ese hacer lo del siervo y hacerlo como el siervo, la Iglesia se hace cristianamente santa. De esa forma recobra el amor como la forma de santidad, y en sus dos vertientes fundamentales: la eficacia del amor para la liberación y la gratuidad del amor en forma de martirio. Por simple que parezca, la Iglesia de los pobres es la que recobra la fundamental verdad evangélica: nadie tiene más amor que el que da la vida por los hermanos. Y desde ese dar supremo comprenderá por analogía todo lo que es amor y santidad.
La Iglesia de los pobres ve la santidad en salvar al mundo, pero en salvarlo como el Siervo y como Jesús, no desde el poder sino desde abajo, desde la pobreza, la solidaridad con los pobres, con su causa y destino, desde la persecución y desde el martirio. Recobra por ello la más profunda dimensión de la santidad de Jesús que es la kénosis. Pero si llega a hacerlo -y no hay más que recordar los miles de cristianos amenazados, perseguidos, calumniados, capturados, torturados y asesinados en América Latina- es porque los pobres la obligan objetivamente a hacerlo. La santidad de la Iglesia, la dimensión kenótica dé su santidad no aparece en la intención de querer abajarse para salvar al mundo, sino en la exigencia objetiva y estructural que los pobres representan. Optar por los pobres es automáticamente optar por la forma de santidad del Siervo.
La Iglesia de los pobres no es automáticamente portadora de la verdad y de la gracia porque los pobres estén en ella, pero son los pobres dentro de ella el lugar estructural para que realmente la Iglesia sea portadora de la verdad y de la gracia. Se trata, en el fondo, de nombrar aquel lugar al que apuntó Jesús en Mt 25 para encontrar al Señor.
Por último, la Iglesia de los pobres ofrece el lugar para que la fe sea obsequium, experiencia de don y gratuidad. El que se mantenga la esperanza allá donde solo podría surgir la desesperación; el que se mantenga la práctica del amor y de la justicia allá donde el realismo aconsejaría una prudente retirada; el que se mantenga que en el fondo de la realidad exista el misterio de amor, todo ello es visto como la imposibilidad hecha posible, todo ello es visto como algo que nos ha sido dado, algo mayor y más fuerte que nosotros mismos, que se impone por sí mismo, y ante lo cual sólo podemos pronunciar una última palabra de acción de gracias.
Jon Sobrino, SJ – San Salvador
www.reflexionyliberacion.cl

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Se ruega identificarse con la cuenta de correo electrónico