Resulta llamativo cuándo, cómo y en qué decide con agilidad y resolución el Ayuntamiento de San Sebastián
Fuente: Noticias de Gipuzkoa
Por José Ignacio Ansorena Miner
16/08/26

Entrega de cenas solidarias en la plaza Constitución de Donostia antes de la prohibición Arnaitz Rubio
El Ayuntamiento de San Sebastián ha prohibido las cenas solidarias que en los soportales de la Plaza Nueva ofrecían diariamente a un importante número de inmigrantes un grupo de vecinos de buena voluntad. Se citan tres razones para la decisión: problemas de uso del espacio público, la salubridad pública y la seguridad en la calle. Diferentes departamentos municipales han elaborado informes al respecto y esta ha sido la conclusión: el reparto de las cenas solidarias se ha convertido en actividad peligrosa y la prohibición se ha decidido con rapidez y contundencia.
Resulta llamativo cuándo, cómo y en qué decide con agilidad y resolución nuestro Ayuntamiento. Esas mismas razones se apilan en otras actividades y la máquina municipal lleva años jugando al despiste. Conozco en particular los excesos que se cometen en las calles de nuestro barrio. Pero otro tanto sucederá en otros. Los mismos soportales en que se ofrecían estas cenas, por las mañanas y hasta bien tarde, a pesar de ser monumento histórico, se transforman en almacén de los repartidores de bebidas. Con una ordenanza elaborada contra el criterio del vecindario, se permitió que los excesivamente numerosos bares ocuparan los márgenes de las calles, ya cargadas de gentes, con mesas y asientos. Y no se vigila el cumplimiento de esa norma. A la proliferación de música y ruidos se le dedicó también una ordenanza de mentirijillas, pero tampoco se controla en todo San Sebastián si se respeta (lo de las motos en esta ciudad merece estudio aparte). Tampoco se hace en las actividades que organiza el propio Ayuntamiento.
Nuestro alcalde ha ofrecido una entrevista al respecto en la prensa en la que ha explicado las razones de su decisión. No ha explicado, sin embargo, por qué en los otros casos no se toman decisiones similares. Por ejemplo, las escaleras de la Basílica de Santa María se han transformado en terrazas anexas a los bares que las circundan, ya famosas en las redes sociales. Ninguna decisión sobre ello. Los vasos y platos que allí se abandonan han producido bastantes accidentes (uno lo sufrí yo mismo) y continuarán repitiéndose. No parecen afectar a la seguridad. ¿Por qué no se busca solución apropiada a la acumulación de de basura y su recogida? ¿Por qué la Plaza de Sarriegi y la calle Aldámar suelen ofrecer un aspecto lastimoso, perjudicial para la salud pública (gracias a que el ambulatorio está cerca), con los contenedores repletos de basura mal depositada (no es difícil saber quién no respeta las normas y es responsable de ello)? ¿Por qué se ha ampliado en la práctica el horario de recogida de vidrio, añadiendo un pequeño camión que llena las calles de pequeños trozos de vidrio y hace peligrar los pies de los atrevidos que calcen sandalias?
Pero esta no es la cuestión central. Un grupo de ciudadanos, con deseo de ayudar a quienes viven en las calles sin sitio donde dormir, sin qué comer, han dedicado tiempo, trabajo y dinero para colaborar en este problema público. Y de un plumazo les han cortado la posibilidad de hacerlo. Seguramente no era la suya la mejor forma de atender al problema. Tampoco contaban con grandes medios. Pero sí una enorme y generosa voluntad. Tenían muchos problemas, lo sabían.
La Autoridad municipal ha enseñado que tiene poder. Pero no capacidad para plantear a un grupo de ciudadanos que representan los mejores valores de nuestra sociedad y cultura la búsqueda previa a la decisión de un proceso de mejora paulatina. Claro que los servicios sociales deben ocuparse de estos asuntos. Pero, al parecer, no llegaban a hacerlo en la medida que se necesitaba. Y, mientras se buscaba la mejor opción, ¿no habría sido mejor caminar de manera dialogante? Se podría haber atendido mejor a la seguridad, controlar el reparto, ayudar con dinero… Pero el golpe de efecto ha sido mayor así.
Ha dicho el alcalde que la medida no se ha tomado por razones electorales. Cuesta creerlo, en particular llegando rodeada de declaraciones y decisiones del mismo signo del Gobierno Vasco. En este sistema de organización social que llamamos democracia, quien desea llevar a cabo sus ideas y planes, aunque sea con la mejor intención, ha de conseguir el poder. Y para ello necesita un discurso fácil de vender a las gentes. En caso contrario, se queda sin poder. Pero también, quien desea ese poder para ejecutar sus grandes ideas tiene una obligación principal: proclamar y extender su manera de ver el mundo. Alguien acaso pensó así: la ultraderecha está comiéndonos los votos con su palabrería rencorosa y hay que hacer algo. Es sabido que extender el odio es tan fácil como encender fuego donde hay gasolina. Por ahí, los de la rabia siempre ganan. Si deseamos lo opuesto debemos templar nuestras palabras y decisiones y apoyarlas en cimientos profundos.
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