2026/09/11

Carmen Angulo, ministerio o servicio de la formación y de la palabra en San Pio X (Santander, Cantabria): la experiencia dice que esto no es un proyecto imposible e inviable; en particular, si la gente se lo cree. (y IV)

Jesús Martínez Gordo

 

A Carmen Angulo, se le ha encomendado el ministerio de formación que, entre otras tareas, comprende la formación teológica, la familia, el movimiento Júnior, la lectura creyente, la Biblia y la redacción y confección de la Revista ¡Casi nada!

 

Pero, antes de adentrarnos en algunos de estos apartados, te agradecería que nos presentaras, brevemente, tu trayectoria como seguidora de Jesús.

Sí, me parece importante contar cómo he llegado hasta aquí. Yo siempre he vivido la fe como obligación de ir a misa. El ir a misa el domingo era algo que formaba parte de mi ser. Para mí era una necesidad, por lo tanto, aun estando de viaje, me las ingeniaba para ir a la celebración, sin importar el lugar o el idioma. Me daba lo mismo. Mis amigas estaban ya un poco hartas. Por eso, me preguntaban por qué tenía que ir. Recuerdo un día que fuimos a misa a la abadía de Westminster. Me daba lo mismo que la liturgia fuera anglicana o protestante, que estuviera en Canadá o que la celebración fuera en portugués o en inglés. El asunto era que era domingo y que sentía la necesidad de ir. Mi padre era muy católico, educado en los salesianos, lo que influyó en mi formación. Hasta que, un buen día, en el año 90, mi hermana me presentó a Avelino. Yo quería que mi hija hiciera la primera comunión. En aquella ocasión, Avelino me dijo algo que me dejó descolocada: esto no es un supermercado religioso. Luego lo he ido comprendiendo…

 

Y, una vez que abriste la puerta y entraste en la parroquia…

Pues me incorporé al grupo de padres que preparaban la primera comunión. De ahí pase a la HOAC una temporada y, más tarde, a los grupos de oración. Posteriormente he sido secretaria en el Consejo Parroquial. Esto de ser secretaria creo que lo tengo por inercia: he trabajado de docente durante 40 años y he sido secretaria de varios colegios. Por eso, no me ha importado asumir este servicio, dándole a la tecla... Y estando en estos fregados, viene todo el proceso electoral con las votaciones para elegir el equipo ministerial. Resulta que aparezco en las votaciones como una de tantos. Cuando me lo consulta el Consejo, soy la primera en tener que dar mi opinión y manifestar mi disponibilidad. La verdad es que dije, “bueno, adelante con la elección”. Pensé -viendo la gente que también había sido elegida en la primera ronda- que había otras personas mucho más preparadas, mucho mejores para desempeñar la tarea.

 

Y vino el susto…

Exacto. Volví a salir elegida con otras dos personas. Yo siempre he tenido muy claro que he recibido mucho de la parroquia y, entonces, me quedó claro que había llegado el momento de dar. ¿Y qué vas a dar?  Pues lo que tienes, lo poco que sabes. Es cierto que hubo un momento en que me dije: esto me supera. Pero no me superaba lo de dar, sino eso de estar preparada. Hasta que me incorporé en el equipo ministerial…

 

¿Qué pasó entonces?

Al principio, los textos, los documentos y la jerga pastoral me costaban mucho. Todo me sonaba como muy nuevo. No me quedaba más remedio que darme tiempo. Tienes que darte más tiempo. Luego, ya le vas cogiendo el “quid” y te cuesta muchísimo menos. Yo he sido siempre una persona muy responsable, desde niña. Es claro que -desde pequeña- he sido iniciada, sobre todo, en la responsabilidad

 

¿Cómo recibiste tu elección para el ministerio de formación?

Vaya por delante que siempre he estado en el mundo de la formación. Por eso, no me importó ya que no se trataba de que yo lo hiciera todo, sino de facilitar el camino para que la gente hiciera su propia andadura. Por ejemplo, ahí está el grupo de teología que requiere un poco más de profundidad, pero también están los de oración y de lectura creyente. Estos dos me resultan más livianos, más llevaderos

 

¿Hay algo que te ha contado mucho, bastante o un poco?

Si, la revista. Me ha costado -y me cuesta- muchísimo. Al principio, ya no sabía qué excusa poner para no participar. Me costaba porque no creo que redacte bien. Pero creo haber llegado ya a un punto en el que puedo reconocerme como “sin – vergüenza”... También presido la celebración de la Palabra. Es un servicio que ha surgido porque Avelino tiene que atender los pueblos de la montaña. Cuando esto empezó, mucha gente entraba, veía que no estaba Avelino y se marchaba. Ahora mismo, la gente ya no se va. Es curioso. Y, además, me atrevo a hacerlo porque me siento parte de la comunidad, formando parte de una familia que ha sido elegida por mí. Y me encuentro muy bien y muy a gusto. Cuando me preguntan: ¿hay alguien que presida? ¿Lo haces tú? Bueno, pues presido yo y ya está. Siempre me pongo un poco nerviosa, pero hay que hacerlo. Son obstáculos que hay que ir venciendo, sabiendo, además, que la situación es muy favorable.

 

¿Tienes conciencia de haber madurado ejerciendo este ministerio o servicio?

Muchísimo. A mí, al principio, me dices que tengo que llegar a donde he llegado y te hubiera dicho que era imposible e inalcanzable. La corresponsabilidad a la que hemos llegado la tenemos porque Avelino la ha favorecido. Él la ha impulsado. Cada uno de nosotros nos sentimos responsables. Y nos sentimos y sabemos capaces porque tienes la seguridad de que puedes contar con su apoyo. Eso hace que te atrevas a más cosas de las que eres capaz por ti misma. La confianza hace crecer. Ahora, en breve, acaba mi mandato o misión. Y acaba porque estoy de acuerdo en que no es bueno estar demasiado tiempo en una responsabilidad.

 

¿Percibes que esto es una tarea de todos y que, a la vez,  está pensada para evitar personalismos?

Por supuesto que sí. Esto solo puede salir adelante si hay una estructura acordada, que hay que respetar y mantener. La experiencia dice que esto no es un proyecto imposible e inviable, en particular, si la gente se lo cree. Ya no vale decir que yo no valgo. Más bien, hay que decir que estoy dispuesta a dar ese paso o salto. A mí me dicen hace diez años lo que he hecho y andado y seguro que hubiera dicho: ¡“Yo no valgo para hacer eso! Pero ¿qué dices?”. Sin embargo, me he ido dando cuenta de cuánto he recibido de la parroquia y de que había llegado el tiempo de empezar a dar. Es muy probable que algo de esto tendrá que empezar a pensar la persona que me suceda en el ministerio del que en breve dejaré de ser responsable.

 

Para los dos,  ¿queréis comentar alguna otra cosa?

Julián y Carmen: Tenemos la impresión de que en lo que estamos haciendo se encuentra el embrión de lo que va a ser -y puede ser- la iglesia del futuro. Y que, aunque cueste, esto va a tener un efecto multiplicador.

Estoy con vosotros, les manifiesto: o se hace esto o algo parecido o esto se derrumba. Hay, sin embargo, otros puntos de los que no hemos hablado: es el de la situación de la mujer en la iglesia y el de la sinodalidad.

 

Carmen ¿qué te parecen, aunque telegráficamente?

Me ciño al de la mujer. No es de recibo que, porque nazcas mujer, solo puedas recibir seis sacramentos. Y siete, si eres varón. El papa León XIV, como Francisco, no parece que vaya a cambiar las cosas. Se debieran tomar en cuenta las aportaciones del sínodo sobre la participación de la mujer en la Iglesia y avanzar en sintonía con los tiempos actuales, al menos, en este asunto. Es lo que creo que haría Jesús de Nazareth.

 

Julián, ¿qué dices sobre la sinodalidad?

No creo que vaya a haber grandes cambios en lo referente a la sinodalidad. No hay pistas que indiquen que se vaya a reconocer que todos los bautizados, además de maestros o profetas y sacerdotes, somos también “reyes”, según LG 10.

Sí, les manifiesto por mi parte, no parece que vayamos más lejos de una sinodalidad escuchante. No es probable que nos adentremos en otra deliberativa y codecisiva. Creo que es muy importante que la promoción de equipos ministeriales vaya acompañada de una recepción conciliar de la teología sobre el ministerio ordenado y, concretamente, sobre el poder y la autoridad de obispos, presbíteros y diáconos a partir del bautismo. Y desde dicho sacramento, repensar la teología del ministerio ordenado, Y luego, organizar que los consejos sean codecisivos. Este es un asunto al que me he referido largo y tendido en estas páginas. Me satisface constatar una convergencia de fondo, sin dejar de reconocer, por ello, significativas singularidades.

Si me permitís una amigable observación -para nada, crítica con vosotros- creo que lo que os falta es lo que tienen como punto fuerte los de Palencia, a quienes -por suerte- conocéis muy bien: el apoyo y el refrendo episcopal. ¿Cómo veis este asunto?

Avelino: como hemos indicado -y has recogido en el inicio de estas entrevistas-, ese es un asunto que, a pesar de haber sido solicitado en diferentes ocasiones, no ha tenido en nuestros obispos -al menos, hasta el presente- la recepción deseada y jurídicamente viable. Esperemos que, no tardando mucho, sea posible tal recepción episcopal.

En todo caso, concluyo la entrevista, Avelino, Julián y Carmen, muchas gracias por vuestra experiencia y, sobre todo, por vuestra entrega y testimonio.

 

1 comentario:

  1. Es ejemplar lo que veo leyendo estos testimonios. Pero no me veo con fuerzas (o fe) suficientes para seguir vuestro camino. Gracias, es todo caso, por compartir vuestros testimonios.

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