El comisario pontificio encargado de resolver la gestión del santuario y el destino de la talla de la Virgen presidió ayer una misa en el enclave
Fuente: La Razón
13/09/2026
Diplomacia absoluta. Bajo esta máxima se desarrolló ayer la presencia del juez del caso Torreciudad en el epicentro de la guerra abierta desde hace siete años entre la Diócesis de Barbastro-Monzón y el Opus Dei. El toledano Alejandro Arellano presidió ayer una de las celebraciones más importantes de cuantas se celebran en el enclave del Alto Aragón para la realidad eclesial: la eucaristía del Día de las Familias. Está considerado uno de los canonistas más relevantes de la Iglesia.
No en vano, el papa Francisco le nombró decano del Tribunal de la Rota Romana en 2021, algo así como el Tribunal Supremo del Vaticano, en tanto que, de alguna manera, actúa como la más alta corte de apelación y cierre. Por si fuera poco, el 9 de octubre de 2024 el pontífice argentino lo escogió a dedo como comisario pontificio plenipotenciario y delegado de la Santa Sede. O lo que es lo mismo, en él confiaba el veredicto sobre la batalla entre el obispo Ángel Pérez Pueyo y la Obra con relación al estatus y la gestión económica y pastoral del centro de peregrinaciones, con la talla de Nuestra Señora de los Ángeles de por medio. Para la entidad fundada por Josemaría Escrivá de Balaguer es un pilar clave, porque a ella encomendaron los padres del santo su frágil salud cuando era niño.
«Queridos hermanos y hermanas, con profunda alegría y sincera gratitud a Dios, os doy la más cordial bienvenida a esta eucaristía que nos disponemos a celebrar como una gran familia». Con estas palabras arrancaba una homilía en la que no dio una sola pista sobre cuál será la resolución final que llevan dos años esperando unos y otros, con el fallecimiento de un Papa y la elección de otro, y la nada desdeñable reforma de los estatutos del Opus Dei que León XIV tutela desde Roma. Dos meses después de la designación hecha por el Pontífice argentino, Arellano viajó a Huesca para conocer la versión de ambas partes, recopiló documentación y volvió a Roma para elaborar su expediente. Hasta ayer.
Los más de diez minutos de alocución desde el altar exterior al macrotemplo con el que ayer cerraba los actos del medio siglo de construcción los continuó citando precisamente al hombre que está generando no pocos quebraderos de cabeza a los responsables de Torreciudad. «Aunque hoy no pueda acompañarnos personalmente, quiero hacer llegar un recuerdo afectuoso al obispo de esta diócesis, don Ángel Pérez Pueyo». Un aplauso surgió entre los fieles presentes al escuchar esta cita. Lo cierto es que Pérez Pueyo parece haber agitado el aterrizaje de Arellano. La semana pasada amagó con dimitir en caso de que la imagen de la Virgen de los Ángeles, que estos últimos cincuenta años ha sido venerada en el nuevo templo del Opus, no retorne a su milenaria ermita original. A través de un comunicado en el que hablaba incluso de «expolio», llegaba a cuestionar la labor del delegado vaticano: «He contemplado en estos meses cómo el comisario plenipotenciario sobre el complejo de Torreciudad se transformaba en una especie de mediación entre ellos [por el Opus Dei] y la diócesis, como si este pueblo que espera justicia tuviese que aceptar renuncias en vez de defender sus derechos».
Tan solo unos días después, el diario «El País» publicaba unas cartas manuscritas de Francisco a Pérez Pueyo en las que lo respaldaba en esta lucha con un ‘No cedás’. El sábado pasado Pérez Pueyo pisaba Torreciudad para presidir la romería de las Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe, acompañada de un gesto inédito. Por primera vez en medio siglo, la talla de Nuestra Señora de los Ángeles regresaba en procesión por unas horas a su ermita. En su homilía de aquel día, el obispo parecía rebajar la tensión elogiando al Opus Dei por su labor evangelizadora, pero igualmente reivindicando que no se pueden «arrancar» las «raíces». Este viernes, en la víspera de la llegada de Arellano, Pérez Pueyo daba un paso más al publicar un nuevo comunicado en el que exigía a la Obra que presente el documento original de la cesión de la imagen de la Virgen.
Estos movimientos del pastor no han sido bien acogidos ni en Roma ni entre el Episcopado español, que apuestan por un perfil bajo a la hora de resolver el entuerto. Entretanto, el Opus Dei se ha expresado en estos días también a través de un comunicado en el que argumentaba la legalidad del traslado de la escultura y negaba que se trate de «una sustracción, una usurpación o una retención ilegal».
Con este panorama, Arellano celebraba ayer la misa precisamente junto a la talla de la disputada Virgen, que se encontraba en un lateral del altar. «En Torreciudad, incontables peregrinos habéis venido a depositar en las manos de Santa María el misterio de vuestras vidas», recordó el arzobispo y juez en la mitad de su alocución. Y al final de la homilía, añadió: «Queridos hermanos y hermanas, miramos a Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad, que nos conceda la gracia de comprender que la santidad no es una herencia reservada al pasado, sino una llamada viva que Dios dirige hoy a cada uno de nosotros, aquí y ahora».
En su vertiente pastoral a los presentes, amén de agradecer la entrega de san Josemaría Escrivá, «hijo de esta tierra», Arellano les invitó a ser conscientes de que «una familia cristiana no es una familia perfecta, sino una familia que sabe dónde regresar cuando se equivoca, que encuentra en el sacramento de la reconciliación la gracia para levantarse, pedir perdón y ofrecerlo, que abre sus heridas a Cristo para que él las toque y las transforme con su misericordia». «Y esta vocación a la santidad no se vive al margen de la historia, sino en medio de un mundo que cambia y que pone a prueba la solidez de nuestros vínculos», expresó, sabedor de que «hoy la familia atraviesa un verdadero cambio de época».
En ninguna de las frases que verbalizó ayer se podía deducir recado alguno entre líneas del comisario pontificio sobre el conflicto ni para el obispo ni para la Obra. Desde la Diócesis de Barbastro-Monzón, sin embargo, consideran que el mero hecho de aceptar la invitación para presidir esta fiesta es ya una toma de partido.
Los anfitriones de Arellano, al menos públicamente, tampoco entraron al trapo. Allí se encontraban, entre otros, Ignacio Barrera, vicario regional del Opus Dei en España, y Ángel Las Heras, que comparte la función de rector de Torreciudad junto con el sacerdote diocesano José Mairal. Las Heras mostró y leyó a los peregrinos una bendición apostólica de León XIV «que nos ha facilitado don Alejandro». «Como sabemos que va a estar con el Papa y está con frecuencia con el Papa, dígale al Santo Padre que le queremos un montón, que rezamos por él y que le esperamos en Torreciudad para que conozca el santuario», añadió al final de la misa.

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