El Gobierno y la oposición cruzan acusaciones mientras los analistas apuntan a tácticas de 'terrorismo en enjambre' e injerencias externas
Fuente: El Confidencial
Por José Medrano
26/10/2026

Varios estudiantes protestan en la plaza Catalunya de Barcelona durante una concentración que derivó en incidentes con los Mossos d'Esquadra. (EFE/Alberto Estevez)
La extrema violencia desatada en las calles de Barcelona, que se ha saldado con 15 policías heridos, 23 comercios saqueados y 128 detenidos —72 de ellos menores de edad—, no es el estallido espontáneo del descontento juvenil. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, en coordinación con otros cuerpos europeos, investigan los altercados como una acción orquestada. El foco policial y de los analistas de datos se centra en 'Blocus', un grupo anónimo que, imitando el movimiento francés Lycées Indignés, ha logrado desatar la violencia urbana en tiempo récord mediante tácticas de manipulación digital masiva.
Lo que sobre el papel se presentaba como una protesta por la "calidad de los institutos", en la práctica funcionó como una convocatoria organizada en redes con el "único objetivo de provocar altercados", tal y como han confirmado oficialmente los Mossos d'Esquadra. Los asistentes recibían instrucciones precisas mediante códigos QR que enlazaban a grupos de Telegram y WhatsApp: vestir de negro, ocultar el rostro, llevar material pirotécnico y dirigir el vandalismo hacia zonas comerciales concretas. La efectividad del reclutamiento se refleja en un dato: de los 128 detenidos (72 de ellos menores), solo dos tenían antecedentes previos por desórdenes públicos.
Fábrica de radicales en TikTok
La trazabilidad digital de la convocatoria desmonta el mito de la espontaneidad. Analistas en redes sociales revelan que 'Blocus' no existía en España hasta el pasado 18 de octubre. En un lapso de 48 horas, se activaron simultáneamente una veintena de perfiles en TikTok con identidades clonadas y un ritmo de publicación anómalo, llegando a difundir casi 60 vídeos en dos días para reclutar jóvenes en Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao.
Este modus operandi encaja con lo que el investigador Daniel Koehler define como "terrorismo en enjambre": redes fluidas y desorganizadas en apariencia, que se movilizan repentinamente para cometer actos violentos nutriéndose de individuos sin vínculos previos con el extremismo. La amplificación de estos mensajes no sería posible sin el uso de bots sociales, diseñados para multiplicar la diseminación del contenido, simular un falso consenso social y atrapar a los usuarios más jóvenes en burbujas ideológicas —un concepto popularizado por el experto Eli Pariser— que fomentan la radicalización y la acción directa.
El fantasma de la injerencia extranjera
Las administraciones asumen que se enfrentan a una movilización altamente sospechosa. El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, ha sido tajante al desvincular los saqueos de cualquier reivindicación legítima. En una entrevista en la Cadena SER, el regidor ha lanzado una advertencia económica a las familias de los menores arrestados asegurando que los padres "van a pagar las consecuencias", pero el verdadero giro del caso radica en su apunte sobre la autoría. Preguntado por la posibilidad de una operación para desestabilizar la ciudad, Collboni ha dejado un recado cargado de intencionalidad: "Se pueden hacer conjeturas, ver quién está celebrando que esto haya pasado e inferir quién puede estar detrás".
Estas palabras conectan con el polvorín político desatado en Madrid. El ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, ha insinuado directamente que la plataforma ACOM y el Gobierno de Benjamin Netanyahu podrían estar alentando esta campaña como represalia por la postura española en Gaza. En la trinchera opuesta, el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, ha responsabilizado al Ejecutivo de Pedro Sánchez. "Como han perdido la calle, quieren incendiarla", ha sentenciado, acusando al PSOE de tolerar a los violentos.
Un jaque al orden público
Más allá del cruce de reproches, el fenómeno 'Blocus' evidencia una falla de seguridad nacional frente a las nuevas amenazas. La actual transición hacia una "democracia digital", tal y como la conceptualizan politólogos como Fernando Vallespín y Máriam Bascuñán, ha convertido a las redes sociales en una caja de resonancia huérfana de los tradicionales filtros periodísticos (una pérdida de mediación sobre la que ya alertaban investigadores como Palmira Chavero).
En este nuevo terreno de juego, las campañas orquestadas pueden propalar la radicalización a una velocidad inédita. El salto de las consignas virtuales a las barricadas confirma que el campo de batalla de la desinformación ya no solo busca alterar resultados electorales, sino dinamitar la convivencia en las calles.
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