Jordi Bertomeu defiende el papel relevante de los laicos en la gestión parroquial ante la falta de presbíteros y como expresión de su vocación bautismal
Fuente: CR
Obispado de Tortosa
01/08/2026
La falta de presbíteros obliga a muchas diócesis a replantear la organización pastoral de las parroquias. En este contexto, Jordi Bertomeu, sacerdote de la diócesis de Tortosa y oficial del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, defiende que los fieles no ordenados pueden asumir un papel más relevante en la vida parroquial. Lo explica en una entrevista publicada por el Obispado de Tortosa con motivo de la publicación de su nuevo libro Parroquias dirigidas por laicos. Configurados bautismalmente con Cristo para el Servicio (PPC Editorial, 2026), una obra que profundiza en las posibilidades que ofrece el derecho canónico para que laicos y laicas participen en el gobierno pastoral de las parroquias.
Para Bertomeu, esta reflexión no sólo responde a una cuestión organizativa, sino también a una comprensión más profunda de la vocación bautismal de los fieles. "Los laicos y las laicas también representan a Cristo y a la Iglesia, pero por su bautismo", afirma. En este sentido, recuerda que "ordenan las realidades temporales" y que "pueden ofrecer un servicio muy valioso en la gestión de la parroquia", una colaboración que el derecho canónico ya contempla de forma ordinaria y que, en circunstancias excepcionales, puede llegar también al ejercicio del cuidado pastoral.
El canon 517 §2, una respuesta excepcional a la falta de presbíteros
El oficial del Dicasterio explica que esta cuestión ya centró su tesis doctoral, defendida en el 2013 en la Universidad Gregoriana de Roma. Su objeto de estudio fue el canon 517 §2 del Código de Derecho Canónico, una norma introducida por san Juan Pablo II en 1983 que permite confiar la participación en el cuidado pastoral de una parroquia a personas no ordenadas cuando no hay sacerdotes suficientes.
Bertomeu recuerda que, cuando estudió esta figura jurídica, constató que "había sido aplicada en algunos pocos lugares de buena fe y 'en modo pastoral', pero sin criterios teológicos y jurídicos lo suficientemente claros". Esta situación, explica, había provocado "una cierta desconfianza hacia esta solución, cuando no cierta hostilidad". Por eso, su investigación quiso ofrecer un fundamento teológico más sólido a esta práctica.
Hoy considera que el contexto es muy diferente. "Los curas también escasean en nuestro país y los pocos que hay viven el ministerio pastoral con cierto estrés, cuando éste sólo puede ser vivido con alegría", afirma. En este escenario, defiende que el canon "ofrece un modelo de gestión parroquial en régimen de suplencia y excepcionalidad" en el que "los laicos, las laicas, los religiosos, las religiosas o los diáconos hacen posible una gestión pastoral plena, aunque no haya un párroco parroquial", siempre bajo la coordinación de un sacerdote moderador.
La experiencia de América Latina
Bertomeu recuerda que esta fórmula nació inspirada en la experiencia de comunidades religiosas femeninas de Venezuela que mantenían viva su vida parroquial mientras esperaban la llegada de los misioneros. También pone en valor la realidad eclesial de muchos países latinoamericanos, donde "el tejido eclesial se fundamenta a menudo en pequeñas comunidades o capillas gestionadas por fieles no ordenados".
Según explica, este modelo demuestra que es posible una organización pastoral en la que "no hay un párroco parroquial, sino un sacerdote moderador y unos no ordenados que responden directamente al obispo de los servicios pastorales que éste les encomiende". Por eso considera que se trata de un precedente "muy interesante" ante los retos actuales de muchas diócesis europeas.
Un camino de discernimiento para Tortosa
En cuanto a la realidad de la diócesis de Tortosa, Bertomeu considera que la implantación de este modelo requiere un proceso de discernimiento compartido. "No debe darnos miedo emprender un camino sinodal", asegura, convencido de que la situación actual exige actuar "sin prisas, pero sin pausa".
Según explica, el primer paso es que pastores y fieles tomen conciencia conjunta de la necesidad. Solo así, dice, se podrá afrontar "el problema que plantea la escasez de curas con decisión y de forma articulada". También alerta de que "cada año que pasa las dificultades se aceleran exponencialmente" y que "sería negligente atrincherarnos en soluciones estériles".
Bertomeu apuesta por que los presbíteros con más experiencia ejerzan de moderadores de varias parroquias mientras equipos formados por laicos, religiosos o diáconos participen activamente en el cuidado pastoral. En este sentido, afirma que "el Obispado de Tortosa está dando pasos decididos en la dirección adecuada".
El perfil de los laicos que asuman esta responsabilidad
Preguntado sobre las características que deberían tener estos fieles, Bertomeu insiste en que se necesitan personas con madurez humana y espiritual. Los describe como creyentes que "han hecho una fuerte experiencia de Cristo" y que, "sin miedo, son pioneros que abren nuevos caminos".
También los define como personas que "en lugar de ver amenazas por todas partes, ven oportunidades", comprometidas con una "formación permanente integral" y profundamente arraigadas a la realidad que sirven. "En una palabra, son servidores que encuentran el sentido de su servicio en Cristo, apasionado por el servicio hasta la Cruz", resume.
Los presbíteros siguen siendo imprescindibles
Bertomeu rechaza que este modelo implique una disminución del ministerio sacerdotal. "El presbítero no puede dejar de ser lo que siempre ha sido: un colaborador del sucesor de los apóstoles", afirma. Su misión seguirá siendo reunir a la comunidad en torno a la Eucaristía, anunciar la Palabra y acompañar espiritualmente a los fieles.
Por eso defiende que el hecho de no ejercer como párroco parroquial "no quiere decir que sean presbíteros disminuidos". Por el contrario, considera que "la moderación de un equipo del canon 517 §2 es una ocasión para renovar en mayor impulso su entrega de siempre". Y concluye con una afirmación que resume su preocupación: "Tenemos muy buenos curas pero debemos cuidarles un poco más."
Una oportunidad para renovar la vida de las parroquias
Más allá de la reorganización pastoral, Bertomeu interpreta la actual crisis como oportunidad para recuperar la esencia de la misión eclesial. A su juicio, durante muchos años "hemos entendido la parroquia como una estación de servicio o como un supermercado de la fe", mientras que "los laicos y laicas eran a menudo simples receptores de sacramentos" y los presbíteros "nos profesionalizamos en la oferta de servicios religiosos".
Sin embargo, considera que este modelo "está en crisis" y que esto puede abrir una nueva etapa. "Vivimos una nueva oportunidad para dar respuesta a la sed de sentido", afirma. En este nuevo escenario, defiende "repensar y abrir nuestras parroquias en las redes, los recién llegados, los conversos, las formas asociativas y carismáticas de vida cristiana". Por eso concluye que "la participación de los laicos y laicas en la dirección potestativa de las parroquias puede ser la clave para habitar el territorio desde la proximidad y la caridad".
Las vocaciones nacen de comunidades vivas
Finalmente, preguntado por la carencia de vocaciones sacerdotales, Bertomeu sostiene que la respuesta principal no pasa tanto por nuevas estrategias organizativas como por una renovación espiritual. "Creo que es suficiente un cambio de mentalidad, una metanoia: una lectura interior de la realidad desde Dios", afirma.
El sacerdote defiende que las vocaciones no nacen "de una necesidad de autorrealización", sino "de la percepción de una necesidad que está fuera de uno mismo". Por eso concluye que "una comunidad viva de fe, en la que la inquietud vocacional es compartida por todos, hace posible este seguimiento radical de Cristo", una realidad que considera imprescindible para afrontar el futuro de la Iglesia.

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