Fuente: Catalunya Religio
Por Gloria Barrete
08/08/2026
Este sábado en Balsareny recuerdan los seis años de la muerte de Pere Casaldàliga . Quizá por eso estos días he recuperado un especial que Mònica Terribas y un pequeño equipo de TV3 grabaron en São Félix do Araguaia en el 2005.
Nunca lo había visto. Una hora de conversación con Casaldáliga, dividida en tres grandes blogs, que empecé a mirar pensando en una entrevista de hace veintiún años y acabé con la sensación de que muchas de las cosas que decía podrían haber sido dichas hoy.
Porque es un no parar de titulares, sí, pero sobre todo impresiona comprobar cómo una entrevista del 2005 puede hablarnos tanto en el 2026.
Terribas le pregunta al principio con qué herramientas puede trabajarse para cambiar un mundo que tiene cosas que no nos gustan. Casaldàliga responde: "Primero con el corazón. Después con la conciencia. Después con gestos solidarios comunitarios. Siendo participante". E insiste en que hay que ser honestos en casa y en el trabajo porque “aquel que no es totalmente honesto en el suyo cada día no puede arreglar el mundo”.
Habla después del Primer Mundo y de sus privilegios, de migraciones, de leyes de extranjería, de África, de guerras, de comercio de armas, de pobreza, de las causas de los conflictos y de la responsabilidad de Occidente. Es 2005, pero cambiando algunos nombres y algunos escenarios cuesta no pensar en los informativos de hoy. Y cuesta aún más no preguntarse cuánto hemos avanzado realmente.
También habla, y mucho, de la Iglesia. Del poder eclesiástico, del papel de la mujer, del clericalismo, del celibato, de la homosexualidad, de Roma. Defiende una Iglesia más fraterna, sencilla y humana. En un momento de la entrevista Terribas le cuenta que les había sorprendido ver a una madre amamantando a su criatura en primera fila mientras él celebraba misa. Casaldáliga responde con toda naturalidad que la Virgen María también daba de mamar a Jesús. "Hemos perdido algo de naturalidad, algo de sencillez", lamenta.
Y en esa misma celebración hay otro detalle que da pie a una de las reflexiones más interesantes de la entrevista. Casaldáliga no da la comunión a los fieles. Cuenta que años atrás alguien de la comunidad preguntó por qué no comulgaban todos con el pan y con el vino. Y así lo hicieron. "¿Por qué tengo que dar yo la comida si somos personas adultas? El mismo Jesús dice: tomad, comed". Para Casaldàliga, incluso ese gesto de dar la comunión podía tener algo de infantilización y servir "para potenciar el poder clerical". El cura tiene una función, explica, pero no es lo único que celebra: "Somos todos los que celebramos".
Escuchándolo también he pensado en cómo lo hemos recordado estos años. En Casaldàliga hemos reivindicado con razón el defensor de los indígenas, de los pobres y de los derechos humanos, el hombre comprometido con las causas sociales, el ecologista, el poeta. Pero a veces parece que nos sea más cómodo quedarnos ahí.
Pedro Casaldáliga era claretiano. Era misionero, obispo y profundamente cristiano. La defensa de los pobres no existía al margen de su fe, sino que nacía de ella. Quizás hemos asumido sus causas y hemos ido difuminando la raíz que las alimentaba. En la entrevista es imposible realizar esta separación. Cuando le preguntan cómo conserva el humor después de tantas injusticias, responde que los años ayudan a relativizar y acaba diciendo: "Y después tengo fe, y mi fe es esperanza". Y cuando habla de las utopías afirma directamente que "el Evangelio es la máxima utopía".
Pero me quedo sobre todo con el tercer blog. Casaldáliga tiene 77 años, convive con el Parkinson y ya no puede andar como antes. Terribas le pregunta por la muerte y él habla de ello como “la gran llegada”. Dice que morir es un poco como caer en un abismo, pero que la fe le permite pensar que "en el fondo de este abismo están los brazos de Dios". Y concluye: "Esperanza, ¿sabes? Es la esperanza. Esta es la palabra".
Son probablemente los minutos que más se me han quedado de toda la entrevista. También cuando, sentados a orillas del Araguaya, Terribas le pregunta si quisiera que la muerte le llegara allí. Casaldàliga explica que su vida prácticamente es ese río: tranquilo normalmente, asustado algunas veces por encima, pero con mucha vida por dentro. Un río que "tiene mucha vida y da mucha vida". Es difícil no pensar que, sin quererlo, también se está describiendo a sí mismo.
El propio Casaldáliga dice en la entrevista que no quiere hacer escuela, que sin su equipo no habría hecho nada y que cada vez cree más en la comunidad, la colegialidad y la corresponsabilidad. Pero sí me queda una pregunta después de escucharle: ¿dónde están hoy las voces con esa libertad? Obispos capaces de incomodar al poder político, económico y también eclesial, sin que todo se convierta en una trinchera partidista. Ver con radicalidad, pero también con esperanza.
Seis años después, echamos de menos a Casaldáliga. Y quizá también echemos de menos una Iglesia capaz de generar voces como la suya. Él probablemente nos diría que no pensáramos tanto en él. Cuando Terribas le pregunta por los premios y reconocimientos, responde que no son para Pere Casaldàliga Pla, sino para las causas: "Nuestras causas valen más que nuestra vida, porque son las causas las que dan sentido a la vida".
Quizás este es uno de los mejores homenajes que se pueden hacer a Pere Casaldàliga seis años después de su muerte: escucharle de nuevo. No citarle porque toca. No poner la fotografía del obispo descalzo, el sombrero de paja, Araguaia y seguir adelante. Escucharle. Una hora. Dejar que hable.
Y comprobar qué ocurre.
Gloria Barrete
Sant Feliu de Llobregat, 1988. Soy periodista y desde pequeña he tenido claro que las palabras tenían una fuerza especial. Devoro libros desde que tengo uso de razón y charlo tanto que a menudo pienso que necesitaría cuatro vidas para agradecer tantas horas de escucha gartuita de mi entorno. Me he especializado en información religiosa porque creo firmemente en la contribución positiva de lo religioso. He trabajado en el ámbito comunicativo con diferentes instituciones religiosas y en el programa 'Signes dels Temps' de TV3. Actualmente soy la directora de Cataluña Religión y colaboro en la empresa de servicios de comunicación Animaset.


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